Perdí la
virginidad con mi abuelo
Tenía 18 años, cuando ocurrió lo que sucedió. No sé si reaccione
correctamente, lo cierto es que no podía hacer nada más. A mis 18 años,
era ya una chica alta, comparada con mis demás compañeras del colegio,
media, 1.85, mis senos comenzaban a desarrollarse, realmente parecían más
bien dos pequeños limones, no terminaba de salirme el vello en mi virginal
cuquita. Tenía entonces un culito redondito, respingón, y una altanería
propia de la malcriadez con que me había criado mi padre. Pertenecemos a
una clase social media alta, lo que me hacía prepotente, papi me defendía
y daba la razón en todo momento, mi mami, no tanto, porque consideraba que
me iba a los extremos. Tengo 3 hermanos más, y con ellos la educación fue
distinta. Iba a un colegio para "señoritas", donde realmente no era
precisamente el lugar que mis padres creían que era. Pero en fin, me
gustaba estudiar allí, estudiaba desde la hija del Presidente, hijas y
sobrinas de Ministros, grandes empresarios y nosotras las hijas de
profesionales.
Al colegio me llevaba un chofer, un señor, que no era tal, debía tener en
ese entonces unos 35 años, moreno, alto, de buen cuerpo. Soltero y quién
siempre accedía a mis peticiones. Por miedo o por respeto a mis pataletas
de niña malcriada. Mis padres se fueron en pleno mes de Abril para París y
Londres iban a pasar unas merecidas vacaciones, mis hermanos y yo quedamos
a cargo de nuestra abuela y el esposo de ésta que no era mi abuelo, pero
si tenía muchos años de casado con mi abuela. Una tarde, luego de salir
del colegio, el chofer debía dejarme en casa de mi abuela, quién no
estaba, según me informaron las muchachas que limpiaban la casa había
salido intespectivamente a visitar a un familiar que había caído enfermo,
en una ciudad cercana pero distante a la vez. Mis hermanos, al ser mayores
podían quedarse solos en casa, pero como yo era menor, estaba al cuidado
de mi abuela.
Subí de mala gana, a la que siempre fue mi habitación mientras me quedaba
allí, me cambié de ropa y me dispuse a bajar a almorzar. Allí estaba mi
abuelastro, quién había llegado como siempre a comer con la familia, que
no era otra que mi abuela y un tío, que se había ido con ella, para
acompañarla. Nos saludamos, amablemente aunque, sentía que era el
responsable de que mi madre no se hubiese criado con mi abuelo real, que
era un ser estupendo, culto, cariñoso, educado.
-No le darás un beso a tú abuelo, me preguntó
Me acerqué de mala gana como siempre, y le dije lo más malcriada que era,
y le dije:
-Tú no eres mi abuelo. Mi abuelo se llama Pedro,
-Pero de todas formas te quiero como si fueras mi nieta, anda ven y dame
un beso.
-Se lo di, el siempre había sido muy especial conmigo después de todo.
El me dio un beso, y me dijo que me sentará en la silla que siempre
ocupaba mi abuela. Lo hice, no si antes hacer mis gestos de fastidio.
Nos sirvieron la comida, y me dijo:
-Hoy no tengo deseos de regresar a la oficina, mejor me quedo a hacerte
compañía.
-No es necesario, le respondí
-Pero deseo hacerlo chiquita linda.
Sus palabras me agradaron, y mucho más cuando me dijo:
-Aunque viéndote bien, ya no eres una niña, eres toda una mujercita, que
hasta novio tendrás.
Le respondí que no, que novio no tenía. Que el sabía muy bien como eran de
celosos mis padres y hermanos
-Hay muchos hombres malos, por eso te cuidamos tanto, respondió
Y me dijo que él sabía que yo desde hacía tiempo había pedido unas botas
de cuero hasta las rodillas, y que mis padres no estaban de acuerdo con
que las usará, me dijo que él me las había comprado ya que sabía que el
mes próximo sería mi cumpleaños.
Eso me hizo saltar de alegría y le pedí que me las mostrara, me dijo que
lo haría, siempre y cuando guardará el secreto hasta el día de mi
cumpleaños. Cuando las muchachas del servicio terminaron de recoger la
mesa, me dijo que me las mostraría y así sabría si me quedaban bien.
Subió a su cuarto, bajo al poco rato y traía una caja con las botas que yo
deseaba. Me quedaron perfectas, y me dijo:
-Creo que te vendrían bien con unos shorts o una minifalda
-Sí, pero mis padres no me dejarán usarlas- Le dije.
-De eso me encargaré yo. Me respondió. No digas nada, para yo preparar el
terreno,- continúo diciéndome-. Creo que es hora de que vayas a hacer tus
deberes escolares, y yo me iré a trabajar a mi estudio, me dijo.
-Puedo tenerlas puestas un rato, pregunté.
-Claro, pero ya sabes… que no serán tuyas hasta el día de tu cumpleaños.
Subí las escaleras de la casa, hasta la habitación que servía por esos
días de mi alcoba, me miré al espejo y me quedaban grandiosas las botas.
Me las probé con unos shorts que tenía, y una franelilla de algodón. Me
senté a hacer mis deberes escolares. Al terminarlas, bajé a la cocina y
ordené que me prepararan algo de merienda, y me fui al estudio de mi
abuelastro. Abrí la puerta y pude verlo recostado en un sofá de cuero
mirando la TV. Entré y le dije.
-Mira como me quedan
Me miro como quien descubre algo que antes no había visto, y me dijo:
-Mira como has crecido eres toda una mujercita, estás preciosa, deberé
comprarte una mini para que la uses con esas botas
Me sentí muy feliz, y como era tan caprichosa, fui a darle un beso de
agradecimiento, y le dije que esperaba que me dejaran usarlas, me abrazo,
y me pego mucho a él. Me preguntó si no tenía calor, que si quería
prendería el aire acondicionado, y me invito a ver una película. Hacía
fresco, pero por el aire, mis pequeños pezones se pusieron erectos, y eso
se notaba a través de la franelita que cargaba, no usaba ajustador. Notaba
que me miraba, y se recreaba en mis pequeños senos.
Se levantó, se sirvió un trago. Y volvió a sentarse, pero está vez lo hizo
frente a mi. Me miraba constantemente. Bebía su trago, y me veía de una
manera extraña, me puso nerviosa y le dije que iría hasta mi habitación.
Me dijo que estaba bien, que nos veíamos en la cena, mi tío llamo, y dijo
que no regresarían esa noche que el hermano de mi abuela estaba delicado y
que ella no quería venirse así, mis padres también llamaron, y me contaron
lo bien que lo pasaban por Londres.
A la hora de la cena, él ya estaba sentado cuando baje al comedor, y me
pidió nuevamente que ocupara el lugar de mi abuela, que era a su lado. Nos
sirvieron la cena, y las domésticas se retiraron, hablamos de muchas
cosas, pero nada de importancia, al terminar el postre, y luego de él
beber una copa de vino, me dijo que al día siguiente, si yo quería el me
recogería en el colegio, y que así podríamos ir de compras.
Así lo hicimos, lo llevé a la tienda donde todas mis compañeras del
colegio compraban sus ropas, me compro todo lo que quise, e hizo que se
las modelará, escogió las minis más cortas, las blusitas más bonitas, y me
dijo que no escatimará en gastos, que yo era su nieta. Y que su dinero
también era mío. Allí me quede callada y no le salí con una de las mías.
Malcriadeces, típicas de la edad, supongo.
En el trayecto a casa, me pidió que al llegar le modelará nuevamente las
ropas pero con las botas puestas, y yo feliz de hacerlo.
De repente; un carro salió en un cruce de improviso, lo que hizo que el
frenará de repente, aunque llevábamos puestos el cinturón, su mano se puso
en mi pecho, en el momento pensé que era producto del susto, pero la dejó
allí e hizo algo de presión, sobre mis pequeños senos. Sólo me comentó, no
compramos ajustadores, y yo le respondí, que no los usaba. Me dijo que
pronto debería usarlos, porque estaban creciendo rápidamente, y volvió a
tocarlos, le arranque de un manotazo sus manos, y me dijo que eran
caricias de cariño. Que no había nada de malo en ello. Le dije que si
volvía a hacerlo, se lo diría a mi abuela, y a mis padres.
Me dijo que no era para tanto, al llegar a casa, estaba ya el almuerzo
servido, me dijo que no me quitará el uniforme y que nos dispusiéramos a
comer, que de seguro estaba muerta de hambre. Y así lo hicimos, sólo fui a
lavarme mis manos, en uno de los baños de los bajos de la casa, el me
siguió y se puso detrás de mi, sentía su cuerpo muy pegado al mío y le
dije que ya le daba espacio para que se lavara las de él, que porque no
subía a su baño, y me dijo que le encantaba estar así conmigo. Sentí
crecer su verga, y sus manos se posaron en mis nalgas, las acarició, y me
dijo que definitivamente era ya toda una mujer, y como tal debía
comportarme.
Esas caricias me agradaron, para que negarlo, no obstante le dije, que no
lo hiciera, y me salí del baño.
Cuando regreso a la mesa estaba como contrariado, le pregunté si estaba
molesto, y sólo me dijo:
-Come.. y se quedo herméticamente callado.
Cuando terminamos de comer, subió a su habitación, y yo entré a la mía,
saque toda la ropa que me había comprado, y estaba probándomelas cuando
tocaron a la puerta,
-Pase, dije
El entró, y me dijo que venía a desearme buenas noches, pero al ver que
estaba probándome la ropa, me dijo que quería ver como me quedaba en
especial una mini y una blusita que él había escogido, especialmente para
mi, fui hasta el baño de la habitación, me cambié y salí, para que el
viera como me quedaba,
-Te ves preciosa, mi pequeña mujercita
-Gracias le dije, me acerque a él para darle un beso de agradecimiento.
Y en ese momento, me abrazó, comenzó a besarme, y me dijo:
-Te deseo, serás una mujer muy bella cuando crezcas.
-Gracias volví a decirle, pero le pedí que me soltará.
No lo hizo, al contrario, me agarro de la mano y me llevo hasta la cama,
allí me sentó y me dijo que deseaba hablarme, que él no me haría daño,
bajo ningún concepto, pero que deseaba algo, y que sólo yo podía dárselo.
-Que quieres, le pregunté, nuevamente con mi voz de niña malcriada
-Toco mis pequeños senos, los apretó
Intente separarlo, pero me dijo, o te quedas quieta o verás de lo que soy
capaz. Le grite que saliera, pero me tapo la boca, me tiro a la cama, y de
un golpe abrió mis piernas, por sobre mi pantaleta comenzó a lamerme,
intentaba soltarme pero el era más fuerte que yo, poco a poco sus caricias
comenzaron a gustarme. Separo un poco mis pantaletas y me lamió toda mi
cuquita, mientras me decía
-Que rico hueles chiquita mía… yo ya no ofrecía resistencia, me gustaba
sentir su lengua y el roce en mi clítoris, luego cuando vio que no me
seguía resistiendo, bajo mis panties, y se dedicó a comerme todo el coño,
su lengua recorría todo mi bollito, sentía como ganas de orinar, me dijo
que era normal, que era el placer que estaba sintiendo…
Comenzó a meter suavemente uno de sus dedos en mi rajita, mientras seguía
lamiéndome, lo hizo con delicadeza, me preguntó si me dolía, le respondí
-No, no me duele… no entendía pero mi respiración se hacía cada vez más
entrecortada.
-Eres una mujercita muy hermosa, quiero darte todo lo que me pidas, no
debes decirle de esto a nadie, será nuestro secreto.
-Ok, le respondí
Comenzó a meter dos de sus dedos, y seguía acariciándome, me pidió que me
parara, bajó su short del pijama, y saco su verga, era la primera vez que
veía una, me pareció enorme, me hizo agachar y me dijo que la lamiera,
como un helado, instintivamente lo hice, él cerraba sus ojos, yo alzaba la
mirada y veía en su rostro reflejado el placer, no me gusto al principio
su sabor, pero poco a poco me adapté, sabía entre dulce y salado, comenzó
a bombearme contra su verga, cuando de repente se detuvo.
-Ven me dijo, acuéstate en la cama
-Para que le pregunté,
-Ya verás, ahora si serás toda una mujer, y lo serás conmigo…
Comenzó a meter poco a poco la cabeza de su gran pinga dentro de mi húmeda
cuquita, me dijo que sentiría un poco de dolor, que cuando eso pasará le
dijera para el pararse y esperar.
-Ya me duele!!!, le grité
-shhh, me dijo: espera un poco a que tu bollito se adapté, él espero un
poco, mientras llevaba a su boca, mis pequeñas tetas, las lamió, las
chupo, y de repente de un solo golpe, metió su verga, me hizo gritar, y
tuvo que tapar mi boca, para que no se dieran cuenta, comencé a llorar por
el dolor, sentía que algo impedía que su verga entrará, sentía como si me
estuviesen partiendo en dos, sentía como especie de una pared, que querían
traspasar… Él continúo metiendo y sacando su verga, y yo seguía llorando y
suplicándole que no siguiera que parara.
-Es porque es tu primera vez, te estoy desvirgando mi pequeña zorrita
malcriada,
-pero ya verás como te gustará de ahora en adelante,
Siguió metiendo y sacándola, hasta que de repente la sacó, se puso encima
de mí, y acabó en mi cara, la regó por todos lados, y me beso…, me limpió
con su lengua… Y me llevó al baño, allí me lavo toda, me baño… Y me dijo
que de ahora en adelante sería su zorrita preferida…

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